¿CUÁNDO HAY QUE IR AL PSICÓLOGO?

Para mucha gente aún, la psicología es un mundo desconocido y, aunque la gente sabe cuándo hay que ir al médico, quizá cuándo ir al psicólogo no esté tan claro. Por eso en esta entrada vamos a ver algunos indicadores o problemas que deberían ser señal de ir al psicólogo, diferenciados en aquellos problemas que suponen un trastorno psicológico y los que no.

RAZONES SIN TRASTORNO

Hay muchas razones diferentes que traen a la gente a nuestra consulta, pero estas son las más comunes:

  1. Sentimientos incómodos (ansiedad, tristeza, culpa, miedo…).

  2. Desorganización y descontrol de uno o más aspecto de la vida.

  3. Quejas de gente cercana (familia, pareja, compañeros de trabajo…).

Ninguna de estas circunstancias es un “trastorno”, pero sí son razones perfectamente legítimas para que la gente acuda a consulta, entre muchas otras.


 

TRASTORNOS PSICOLÓGICOS
Pero para que esas circunstancias se consideren trastornos, deben cumplir ciertos criterios. A continuación desarrollamos cada uno de los puntos mencionados con características propias de los trastornos.


Emociones
Empecemos con las emociones. La ansiedad, la tristeza, el enfado… Todas ellas son emociones normales que pueden aparecer en distintas situaciones en la vida y, desde luego, nadie debería ir al psicólogo por tenerlas. ¿Cuándo puede haber un problema de tipo psicológico? Cuando la frecuencia y/o la duración de alguna de estas emociones se convierte en una constante en tu vida. Es decir, si una racha de estrés se convierte en todo un año atacado/a de los nervios, o si cualquier problema del día a día te enerva hasta el límite, entonces es probable que sea necesaria una intervención.


Por ejemplo, es normal que si fallece alguien querido estés triste y te afecte. Pero si después de varios meses sigues sin salir de casa y has dejado de hablar con tus amistades porque estás triste, entonces se ha convertido en un problema. Vemos que la misma conducta que en el primer mes puede ser normal, si se mantiene durante mucho tiempo pasa a ser un problema.


También es normal que si te echan del trabajo tengas ansiedad. En general, la mayoría de las veces encontraremos una causa puntual (o varias) que expliquen nuestra reacción emocional, el problema está cuando esa causa ocurrió hace mucho tiempo o te ocurre todos los días. Ahora está de moda en algunos entornos decir que las emociones “negativas” son problemas en sí mismas y que si aparecen hay que eliminarlas, porque una persona “sana” se tiene que sentir bien.


Esta noción no tiene pies ni cabeza. Si te insultan o humillan y no te enfadas; si se te echa un camión encima y no tienes miedo; si te ponen trabajo extra cuando estabas a punto de irte a casa y no te estresas, entonces… probablemente esa falta de reacción podría suponer un problema, ya que no está adaptada a la realidad que tienes delante. Es importante tener claro que no existen las emociones “malas”.


Descontrol
Pasemos de las emociones al tema de la desorganización/descontrol en algún aspecto de la vida. Este caso se da cuando alguna conducta (pensamiento, sentimiento o acción) empieza a afectar algún área de nuestra vida porque no somos capaces de controlarla. Algunos ejemplos:

  • Empiezo a perder amistades porque tiendo a enfadarme al discutir

  • Mis constantes problemas con mi novio hacen que no me entere de nada

en el trabajo

  • Cada vez que voy a comprar el pan tardo 50 minutos porque voy cambiando de acera cada pocos metros cuando me cruzo con un perro

Estos ejemplos no son graves enfermedades ni son indicios de una mente trastornada, pero si estas situaciones duran demasiado tiempo, es muy recomendable ir a ver a un profesional de la psicología que entienda los mecanismos por los que se mantienen y sepa cómo cambiarlas.


Familia y entorno
Cuando una conducta problemática se mantiene en el tiempo y afecta a los que te rodean, estos tienden a quejarse. Podría ejemplificarse con frases como:

  • “Fulanita, como vuelva a espantar a un cliente, se va”

  • “Eres muy amiga mía, pero si me vuelves a tener esperando una hora, no me vuelves a ver”

  • “Ya sé que murió tu mascota, pero llevas seis meses sin salir de la cama sin hacer nada”.

Estos ejemplos comprenden lo que podríamos llamar los “resfriados” de la psicología: son cosas que, aunque molestas, son poco graves y en principio reversibles sin necesidad de demasiado trabajo, como un catarro. Pero cuando uno de estos pequeños problemas afecta de manera seria y continuada a uno o varios entornos de tu vida (amistades, familia, pareja, trabajo, ocio…), estaría bien analizarlo.

 


EN RESUMEN
No hay que acudir al psicólogo por problemas cotidianos, salvo que estos se estanquen durante demasiado tiempo o empiecen a afectar de manera más seria a áreas importantes de tu vida.
Por supuesto, este análisis no contempla otros problemas psicológicos más graves que probablemente se relacionen de forma más directa con la necesidad de acudir a terapia, como son el trastorno bipolar, esquizofrenias, trastornos de personalidad… En estos casos, los tres puntos mencionados también están alterados, pero de forma mucho más profunda.